viernes, 1 de julio de 2011

Un día dije que iba a dejar de existir y que empezaría a vivir. Que la vida son dos días y tres cafés, y es evidente. Que tomaría  aviones y no llevaría maleta, que me guardaría el tic-tac de cada reloj y que  bebería todas las noches . Que yo fui de huesos frágiles, de los que crujen si te abrazan. Pero un día, decidí hacerme fuerte.
Que a vivir, se aprende viviendo, y no todo el mundo sabe cómo. Se empieza por el principio y no se sabe el final. Un día te levantas y tu vida ha empezado, y sientes que el resto de días sólo eran para enseñarte.Y decidí marcarlo. Que nada nos ata, y que un lazo además de unir, envuelve las vidas pequeñas que llegan a las ciudades grandes. Y además te hacen un poquito más mayor.
Yo intento engañarme a mí y a ti, diciendo que no significas nada, pero no es así, esta vez no me voy a ir de tu vida por la puerta de atrás, esta vez no. Y me gustaría que supieses que mereció la pena, que ahora sé que seguir viviendo no es pasar las hojas de un calendario, sino entender que cada hoja de ese calendario es única e irrepetible.